¿Qué gases se analizan en los envases de alimentos?
El control de los gases se ha convertido en un elemento esencial del control de calidad en la industria agroalimentaria. Permite verificar que se respeten las condiciones de conservación previstas durante el envasado y que los productos alcancen la vida útil esperada.
Pero, ¿qué gases se analizan en los envases de alimentos y por qué son tan importantes?
Para responder a esta pregunta, primero hay que comprender una técnica de envasado muy utilizada hoy en día en la industria agroalimentaria: la atmósfera modificada.
¿Qué es la atmósfera modificada (MAP)?
La atmósfera modificada, también denominada MAP (Modified Atmosphere Packaging), es una técnica de envasado que consiste en sustituir el aire presente de forma natural en un envase por una mezcla gaseosa adaptada al producto.
El objetivo es ralentizar los fenómenos responsables de la alteración de los alimentos:
- desarrollo microbiológico;
- oxidación;
- pérdida de frescura;
- deterioro del color o del sabor.
Esta tecnología se utiliza en numerosos productos alimenticios, como carnes, pescados, platos preparados, ensaladas o productos de panadería.
Dado que la calidad de conservación depende directamente de esta mezcla gaseosa, los fabricantes realizan controles periódicos para verificar que las concentraciones previstas se mantengan en los envases.

El oxígeno (O₂): el gas más controlado
El oxígeno suele ser el enemigo número uno de la conservación de los alimentos.
Una concentración demasiado elevada puede favorecer:
- la oxidación de las grasas;
- la pérdida de color de determinados productos;
- el desarrollo de microorganismos aeróbicos;
- la reducción de la vida útil del producto.
Por este motivo, el control del nivel de oxígeno es sistemático en muchos envases con atmósfera modificada.
El dióxido de carbono (CO₂): un aliado para la conservación
El CO₂ se utiliza habitualmente en los envases alimentarios, ya que posee propiedades inhibidoras frente a numerosos microorganismos.
Está especialmente presente en los envases de:
- carnes frescas;
- productos de panadería;
- platos preparados;
- productos lácteos.
Medir con precisión su concentración permite verificar que la mezcla gaseosa inyectada se ajusta a la fórmula prevista.
El nitrógeno (N₂): el gas de relleno
El nitrógeno es un gas inerte muy utilizado en el envasado en atmósfera modificada (MAP).
Su función principal es:
- sustituir al oxígeno;
- limitar los fenómenos de oxidación;
- mantener la forma del envase;
- proteger los productos frágiles contra el aplastamiento.
A diferencia del oxígeno y del CO₂, no siempre se mide directamente. Su concentración suele deducirse a partir de los demás gases analizados.

¿Por qué controlar estos gases?
El control de los gases no solo sirve para verificar el correcto funcionamiento de la máquina de envasado.
También permite:
- garantizar la conformidad de los envases;
- asegurar la vida útil indicada;
- detectar posibles desviaciones en la producción;
- reducir los riesgos de incumplimiento durante las auditorías de calidad.
Por lo tanto, una medición fiable constituye un elemento esencial del control de calidad en la industria agroalimentaria.
La importancia de complementar el análisis con una prueba de estanqueidad
Incluso con una mezcla gaseosa perfectamente dosificada, un envase que presente una fuga perderá rápidamente su atmósfera protectora.
Por eso, hoy en día muchas empresas combinan el análisis de gases con un control de estanqueidad del envase. La combinación de estas dos comprobaciones ofrece una visión más completa de la calidad real del envase.
Conclusión
El oxígeno, el dióxido de carbono y el nitrógeno son los principales gases que se controlan en los envases de alimentos. Su análisis permite verificar que la atmósfera protectora prevista está presente y que las condiciones de conservación cumplen con los requisitos de calidad.
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